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Iba hoy, en esta mañana lluviosa, camino a dejar a mi hijo a la escuela cuando una combinación de poca visibilidad, falta de concentración y mera estupidez le pegue a la banqueta más filosa de Rafael Sanzio. Inmediatamente, sentí que la llanta delantera se habia ponchado. Después de las reglamentarias maldiciones y mentadas de madre, me bajo a revisar el daño, que fue no una:



